Cena de Negros

Editoriales 0 8

Marco A. Vázquez – Mediocridad asesina

El automóvil aceleró, cincuenta, sesenta, ochenta, en pocos segundos tomó los cien kilómetros por hora o por lo menos eso parecía en el video, su objetivo era atropellar a por lo menos una veintena de aficionados del club Tigres de futbol.

En otro punto de la ciudad, casi a la misma hora, una horda de rayados vapuleaba a otro tigre, a este si le dieron pedradas y se presume que golpes con pies, manos y otros objetos, lo dejaron medio muerto en medio de gritos de mujeres y niños que espantados veían lo pendejo que pueden ser unos hombres que se dicen civilizados y apasionados por el fútbol.

Seguramente usted sabe a qué le hago referencia, a quienes no conocen el tema les diré que es a los enfrentamientos entre aficionados de Tigres y Rayados que se dio el fin de semana previo al llamado clásico regio y, se trata pues, de poner las barbas a remojar una vez que en Tamaulipas y en todas partes del país el futbol está provocando esa clase de peleas, esa clase de delitos al amparo de una supuesta pasión al fútbol.

Por supuesto que el fútbol es el deporte que más apasiona en México, un ciudadano normal tiene una mayor tendencia a exigir resultados a un entrenador de un equipo de fútbol que a su presidente municipal, al gobernador de su Estado o al presidente, y ya ni hablemos de Diputados o Senadores porque a esos ni los pela, no mientras no se meta con este deporte u otros.

Y no es malo apasionarse, lo terrible es caer en el adoctrinamiento y fanatismo que están provocando los dueños de los equipos de futbol profesional mediante estrategias de mercadotecnia que nos hacen ver un partido entre Monterrey y Tigres como si fuera el Atlético contra el Real Madrid o un Chivas América como si se tratara del PSG contra el Madrid y no, estamos a un millón de años de distancia de ese fútbol, es más, ni siquiera podríamos competir con ligas más chafas.

Exacto, es pura mercadotecnia, los expertos con capacidad para hacer investigaciones serias lograron resultados extraordinarios, diseñaron una estrategia que permite el manejo de masas para hacerlos comprar hasta el último boleto y llenar un estadio así vaya el equipo que les contrata contra el último lugar de la tabla y, de paso, también los llevan a que se beban toda la cerveza posible y consuman camisas, uniformes, todo lo que sea posible.

Le insisto, no es malo ser apasionado, ese sentimiento es el que mueve al mundo, lo malo es que se permita tanta barbarie en el nombre de un juego que hace años dejo de ser deporte, aunque le ponga el mote de profesional, para convertirse en un negocio de miles de millones de dólares en los que el aficionado común no gana nada porque solo significa un número, un potencial consumidor.

¿Son condenables los hecho de Monterrey donde casi muere un aficionado?, si lo son, más en el sentido de que a las directivas de los equipos parece no importarles en lo mínimo el caso, más cuando se tiene que tomar el ejemplo para ir previniendo situaciones iguales o parecidas en otros estadios.

Ahora, más condenable es el hecho de que los mexicanos seamos capaces de discutir el fútbol o lo que pasa en torno al mismo y no comprendamos que eso mismo debemos hacer con las cosas públicas, con las acciones de alcaldes, Gobernadores, Legisladores y el presidente de la República.

Es increíble que se le reclame más al entrenador de la selección nacional que al presidente de la República y lo es porque el resultado de cualquier partido de fútbol no cambia nada y en cambio las políticas públicas mal diseñadas o aplicadas por el ejecutivo son las que nos tienen en la pobreza, violencia, inseguridad y demás.

Es tiempo, entonces, de fanatizarnos pero por la vida pública del país, apasionarnos por obligar a los políticos a que vayan cambiando o por lo menos se enteren que estamos presentes, participar más en la vida pública del país y ya no seguir idiotizándose con un juego que solo deja beneficios a unos cuantos sin importar si sus aficionados mueran o gastan todo su dinero de la despensa en cerveza  y nomás para ver partidos chafas, llenos de una mediocridad asesina que por la mercadotecnia nos hacen verlos como si fueran profesionales y a la altura del Barca, que llevan a los suyos a la violencia, a ser casi asesinos con todo y que sus equipos, en realidad, no pasan de ser cualquier cosa.

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