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Carlos López Arriaga – Señales de tormenta

La noticia entra a la historia como el Episodio III del caso San Fernando (2010, 2011, 2019) y en esos términos queda para la posteridad, como tema o simple referencia.

Así podría ser citada en tesis académicas y foros internacionales que en las próximas décadas ofrezcan el recuento sobre la violencia delictiva contra migrantes centro y sudamericanos en el noreste mexicano durante la primera mitad del siglo 21.

Sin embargo, llevando la lupa al lugar de los hechos y tras consultar milimétricamente Google Maps y su aplicación auxiliar Street View (adaptada, en este caso, como Road View) descubrimos que el kilómetro 75, donde ocurrió el levantón del pasado jueves, se ubica en la municipalidad de Reynosa.

Por supuesto, muy cerca de los límites con su vecino San Fernando, amén de que el autobús cruzó por ahí en tránsito regular proveniente de Tampico.

Aunque en este mundo nuestro de la postverdad, la verdad relativa y la subjetividad reinante, ayer mismo nos decía el diario EXCELSIOR que el rapto habría ocurrido en el kilómetro 79 de la carretera Matamoros-Reynosa.

Ande usted, de sopetón nos cambiaron el asunto a la zona ribereña. Lamentable pifia, multiplicada por dos cuando es puesta en boca del Secretario de Seguridad ALFONSO DURAZO.

Inexactitud que (por cierto) DURAZO nunca dijo. Culpa será de esos míticos duendes que habitan en las redacciones y se divierten cocinando erratas.

VOCES DISPERSAS

Y bueno, el tropezón que (este sí) cometieron los voceros de la autoridad federal durante la jornada del martes, se relaciona con el número de víctimas.

Para ANDRÉS MANUEL son 22, dice DURAZO que 19, pero luego viene el “Tata” ALEJANDRO ENCINAS y nos sale con 44, al añadir incidentes previos de similar catadura, relativos todos a la frontera tamaulipeca, recientes, delincuenciales, graves y sin esclarecer.

Y las ambigüedades se prolongan…

No hay denuncia registrada del caso, si hay denuncia registrada del caso, la verdad según quien la diga.

Otra fuente dirá que sí hubo y ocurrió el mismo día, como un pedido de alerta al C-4 de Reynosa, pero los patrulleros se apersonaron al kilómetro 75 (y aledaños) y como nada encontraron (ni modo que los estuvieran esperando) se regresaron con la misma.

Luego se dice que tampoco hubo violencia (lea usted la explicación) porque los encapuchados eligieron uno a uno a los migrantes y estos jamás opusieron resistencia. Tutti felici, tutti contenti.

Órale, ¿estaban de acuerdo víctimas y victimarios?

Más misterios sin resolver…

¿Escoltaban o no policías federales al autobús de migrantes?

La respuesta es “sí” en Tamaulipas, dicen “no” en la capital mexicana.

¿Era corrida normal de TRANSPAÍS o corrida especial fletada por los centroamericanos en tránsito a la Unión Americana?

Queda la duda porque, de haber sido rentado el autobús para un mismo propósito, (ojo) todos sus ocupantes (a excepción del chofer) habrían sido secuestrados, sin distingos…

Pero resulta que sí hubo distingos, pues la mitad de la gente siguió su camino hasta la central camionera de Reynosa.

Comentario que me hace un abogado…

¿Por qué el chofer prosiguió su ruta en lugar de reportar el incidente desde el lugar mismo de los hechos o algún poblado cercano ante el AMP federal, como era su obligación, tratándose de un asalto cometido en una rúa nacional?

No lo hizo y esa prisa por retomar el camino para entregar (lo que quedaba de) sus pasajeros, complica hoy las investigaciones.

Entre otras cosas, impidió con ello que la policía pudiera interrogar a los sobrevivientes en busca de pistas sobre los migrantes raptados.

Por lo demás, en el (timorato y tardío) comunicado de TRANSPAÍS dicen haber presentado una denuncia en tiempo y forma.

Pero el gobierno estatal les respondió el mismo lunes que nada sabía de dicho reporte.

ENTORNO AMPLIO

Por igual, la administración tamaulipeca señala haber denunciado incidentes violentos en las líneas de autotransporte que cruzan territorio estatal, sin encontrar respuesta oportuna ni adecuada en el gobierno de la República.

Existe, en efecto, un elemento de orden contextual que, sin duda, ayuda a entender mejor este fenómeno de violencia creciente contra pasajeros en Tamaulipas.

El trato misericordioso que el gobierno de la Cuarta Transformación está brindando a las caravanas de migrantes parece haber estimulado el flujo de centroamericanos en tránsito hacia el sueño yanqui.

La marabunta se sintió al principio en las rutas del Pacífico y ahora está impactando la vertiente del Golfo, cuya plataforma de salida es (nada menos que) Tamaulipas.

Se dispara el número de migrantes y con ello (1) aumenta el negocio para quienes lucran con ellos, (2) se vuelve mayor el celo por pago de peaje en los territorios bajo control delictivo, (3) la violencia escala a lo largo de las rutas, particularmente (4) en el tramo final.

Y todo ello nos lleva a pensar que, sin un acuerdo firme, sólido y de confianza mutua entre estado y federación, es bastante real el riesgo de enfrentar tragedias regionales, como aquellas que impactaron al mundo entre 2010 y 2011. Señales de tormenta, sin duda sombrías, de nueva cuenta en año electoral.

BUZÓN: lopezarriaga21@gmail.com

WEB: http://lopezarriaga.blogspot.com

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