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Martín Sánchez Treviño – Ausencia de ciclones de menos de una década

Los estiajes prolongados son propios de los estados del norte de la república, lo mismo que la temperatura que el clima extremo por los frentes fríos que en los últimos años han sido más agresivos lo mismo que las temperaturas los termómetros. Respecto a Tamaulipas, enfrenta un estiaje severo, que ha provocado mortandad de ganado, en regiones eminentemente pecuarias. Según estadísticas de la Comisión Nacional del Agua en esta región no se han presentados ciclones en los últimos seis años, incluido el 2019.

El último ciclón tropical -Ingrid- según la misma fuente, ocurrió en el 2013 e ingreso por El Poblado La Pesca, en el municipio de Soto La Marina, dos años antes en el 2011 se presentó el denominado Alex, este ingresó por el municipio de San Fernando, en particular por los poblados Punta de Alambre y Punta de Piedra, además de otras regiones de esa misma región.

Circunstancia que impacta al sector de la actividad primaria y que contradictoriamente es más el beneficio que representa para los agricultores, los ganaderos y otros cultivos perenes, que, si bien disponen de agua que se extrae de pozos profundos, los aguaceros naturales oxigenan a los cultivos establecidos en microclimas que hay en la región tamaulipeca.

Ahora bien, en el mismo periodo de ausencia de los ciclones tropicales en esta entidad, la llegada de las lluvias se ha modificado, los aguaceros de julio y agosto se adelantaron a los meses de Abril y Mayo, lo mismo se presentan derivados los frentes fríos, pero como la yerba que nace con el recio de la mañana, por la tarde se marchita.

Lo cual es un indicador de que el mundo vive otro momento de la historia del universo, que los especialistas denominan “cambio climático”, que únicamente ha servido para que la economía de los países y del mundo financiero se oriente hacia esos fines. Lo cual es respetable, aunque con los que haga el mundo entero en un mismo sentido difícilmente el descongelamiento de los polos se podrá detener.

Pero también es un hecho que quienes invierten su capital en la actividad primaria, han ignorado construir sus cortinas  respectivas de reforestación, y los gobiernos estatal y municipales dejaron de fomentar la reforestación a través de viveros propios para producir la materia prima, como son los arboles propios, para que escuelas y organismos no gubernamentales desarrollen plantaciones en distintos puntos donde la urbanización registra avances significativos.

Tal parece que los aparatos gubernamentales, se orientan a revertir las prácticas de los gobiernos anteriores y en ese mismo sentido han ignorado el uso acciones encaminadas a la fomentar nuevas plantaciones de árboles de ornato, en las áreas urbanas.

En cambio, sin recato han autorizado la creación de nuevos fraccionamientos del sector social y privado, sin exigir que cumplan con la menor normatividad ecológica, lo que evidencia únicamente el interés por obtener mayores recursos financieros para el erario público, pero se ignoran los estudios de impacto ambiental lo mismo que las obligaciones que implica.

Contradictoriamente los gobiernos han hecho negocios jugosos con los con los silvicultores que tradicionalmente han enfocado su actividad a la producción de árboles de ornato. Y si a esto se le agrega que los programas de la Semarnat han desaparecido lo mismo que organismos como la Comisión Nacional Forestal, es el mejor indicador que al menos en los próximos 5 años, es un rubro que estará fuera del presupuesto.

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