Transporte público, entre el coronavirus y el intenso calor

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Por Roberto Aguilar Grimaldo/Fotos Roberto Aguilar

Ciudad Victoria.- Escritas con tinta blanca de zapatos, en las ventanas de los microbuses de Ciudad Victoria predominan dos palabras: Obligatorio cubrebocas.

Al realizar un recorrido por la zona centro, entre el 6 y el 8 bulevar Praxedis Balboa, se puede apreciar el ir y venir de los camiones y microbuses del transporte público.

Es evidente que ni choferes ni pasajeros terminan de adaptarse a las nuevas circunstancias de la pandemia.

Aunque la mayoría de los choferes si portan cubrebocas, muy pocos llevan gel antibacterial o alcohol para ofrecer a los usuarios.

“No nos alcanza para comprar, esta crisis económica y por el coronavirus nos trae bien amolados”, expresa el joven Jesús Alemán, cuando se le pregunta sobre el tema.

Entre los usuarios se observa que la mayoría si porta cubrebocas, aunque muchos solo lo hacen para cumplir con el requisito, porque ya sentados en la unidad se lo bajan a la barbilla o algunos se lo quitan, “es que el calor está insoportable”, argumenta la señora Sara Gutiérrez, de la colonia Moderna.

Y sí, son las 14:00 horas y el termómetro marca 42 grados a la sombra.

En las últimas semanas el trasporte público sufrió fuertes restricciones, ya que durante dos fines de semana consecutivos fue prohibido, porque se habían convertido un fuerte foco de riesgo para los contagios de Covid-19.

El 13 de julio se emitió un decreto que representó un respiro para quienes se dedican a ofrecer este servicio, porque el Artículo Séptimo indica lo siguiente: “La prestación del servicio del transporte público será proporcionado de manera regular debiendo circular máximo con un 50% de su capacidad. Dicha medida aplicará de igual forma a los autobuses de pasajeros”. Se establece también la obligatoriedad del uso de cubrebocas, para usuarios y operadores de microbuses, taxistas o choferes privados.

En las unidades si se observa un respeto al número permitido de usuarios, la mayoría solo lleva a la mitad, cuando antes de la pandemia era común que circularan llenos y con muchas personas de pie.

“A mí si me da temor cuando me traslado a mi trabajo, pero no tengo automóvil y qué le vamos a hacer, aquí venimos en el riesgo”, comenta Rodrigo Cervantes, de 27 años de edad.

Para el dirigente del Sindicato de Microbuses Verdes, Ramón Verdines, el regresar a trabajar los fines de semana ayudará para tener algunos ingresos económicos, “tendremos un respiro volver a operar los siete días de la semana”, expresa.

Admite que la crisis del coronavirus vino a golpear muy fuerte a los concesionarios del transporte urbano, “antes ya pasábamos problemas con la crisis económica y ahora es aún peor”.

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