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Martín Sánchez Treviño

Como en boga está el tema de la “guerra”, traigo a este espacio las deficiencias para abastecer de agua a las poblaciones del mundo, que será en su momento una nueva disputa por el líquido entre los países de los cinco continentes. Por ello es un asunto del que se ocupan científicos y especialistas.

Uno de los casos recientes es el que publica en la edición de ayer, el Periódico El Economista de circulación nacional, donde documenta la inquietud de una empresa de origen israelita en Baja California, donde también participan dos filiales mexicanas, es precisamente la producción de agua, mediante una obra que podría concluirse este año en esa región del sur de Ensenada.

La inversión según esa fuente informativa, es de 560 millones de pesos y la producción final será de 250 litros por segundo, suficientes para abastecer a alrededor 103 mil habitantes.

Se trata de pozos playeros, donde abunda la sal y la meta final es potabilizar y conducir el agua.

Hace algunos meses abordamos también los esfuerzos en Dubin, para remolcar bloques de hielo y cubrir la demanda de agua en esa región del mundo. Ya que la necesidad de esta y la ausencia de esta no es propia de alguna región, quizá debido a que es un fenómeno derivado de distintos factores como la nueva era o cambio climático.

De lo anterior se desprende algunas reflexiones, es decir, por qué en el sur de Tamaulipas donde se localizan tres ciudades relevantes, los gobiernos federal o estatal no promueven inversiones para desalinizar y potabilizar el agua, o es que acaso son dañinas las descargas al mar de las empresas, en esa región de parte de la filiales cosmopolitas instaladas en uno de los puertos multimodales del país.

Será acaso que los gobiernos municipales carecen de gestiones ante organismos internacionales y nacionales que financien un proyecto de esta naturaleza. O es que acaso, quienes aspiran a un puesto de elección popular, sólo van como dice un ministro religioso mexicano “que los políticos invierten en las campañas para ganar y ganan para robar.

La expresión del religioso invoca una información que en el último tramo del gobierno priísta en Tamaulipas, en el sentido de una planta potabilizadora prevista para instalarse en la región de La Pesca, donde el agua tiene un precio plus. Pero de la cual jamás se supo de su construcción.

Lo mismo que otras localidades de esa misma región, propia de los pueblos y ciudades localizados en sobre el litoral tamaulipeco. O es que acaso el agua no es un problema en Tamaulipas.

O acaso, hay una confianza sobrada en que la “caja de agua” como definen los investigadores de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, las 147 mil hectáreas que conforman la reserva ecológica de “El Cielo”. Que de antaño es el motor natural que mueve la zona conurbada del sur tamaulipeco.

La reserva en sí, es una fuente de abastecimiento para el funcionamiento de las empresas de esa región, que marca tendencias en ese segmento del territorio tamaulipeco, propio para la inversión, que originalmente promovió la petroquímica privada. Que además es referencia en el mundo, pues hasta hace dos décadas era uno de los cuatro cluster petroquímicos.

Pero lejos de considerar la Reserva Ecológica como una “caja de agua” las inercias apuntan hacia el concepto del ecoturismo, quizá porque deja ingresos para los habitantes de esa región. Sin importar, que la fuente que abastece el desarrollo industrial del sur tamaulipeco.

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