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Carlos López Arriaga – Chivos de ayer y hoy

Entre memoriosos fue la disputa, la semana anterior, a propósito del caso ROBLES BERLANGA: ¿cuál es el antecedente más antiguo de un miembro del primer equipo presidencial que haya caído tras las rejas?

Por principio, justo es recordar que el afán de tapar corruptelas y desviaciones al mandatario anterior fue una costumbre firme, una tradición celosamente respetada que se extendió entre los gobiernos tricolores desde CALLES hasta DÍAZ ORDAZ.

Los golpes eran por debajo de la mesa, nada público, menos aún con desenlace penitenciario.

Por citar algunos ejemplos (algunos), la austeridad reiterada y manifiesta de ADOLFO RUIZ CORTINES (1952-58), era un reclamo sutil y una distancia crítica hacia el estilo dispendioso, frívolo y voraz del sexenio alemanista. Pero no aplicó castigos.

Cuando LUIS ECHEVERRÍA (1970-76) vocifera contra los “emisarios del pasado”, un servil eco mediático prende la hoguera contra el diazordacismo, pero el lenguaje cifrado predomina, sin llegar jamás al ministerio público.

Más decidido, su amigo JOSÉ LÓPEZ PORTILLO (1976-82) encarcela a dos secretarios de estado echeverriístas, el de Comunicaciones y Transportes EUGENIO MÉNDEZ DOCURRO y el de Reforma Agraria FELIX BARRA GARCÍA.

“Romper para estabilizar”, explicaría JLP en sus memorias, inaugurando así el uso político del expediente judicial contra (presuntos o reales) actos de corrupción para transferirle culpas al pasado inmediato.

Con tales antecedentes, se fue formando (pian pianito) una costumbre, una expectativa en la prensa y también entre la clase política, al momento en que arriba MIGUEL DE LA MADRID (1982-88).

¿Quiénes serán los chivos expiatorios esta vez?, ¿A qué exfuncionarios les toca ser “cabeza de turco”?

Entendido el concepto de “chivo expiatorio” como el animal que la antigua tradición judía (Levítico 16) llevaba al altar para pagar culpas humanas.

La “cabeza de turco” viene de las Cruzadas y remite literalmente al cráneo del enemigo cercenado y expuesto a la mirada pública, como trofeo de guerra.

PODA CÍCLICA

De manera simbólica, chivos o turcos, ambas alegorías se cumplen en los ajustes de cuentas mexicanos.

Por ello, al llegar DE LA MADRID, la opinión pública nacional ya miraba con inocultable morbo hacia la piedra de los sacrificios.

Puntual llegó la respuesta tras la persecución y encarcelamiento del extitular de PEMEX JORGE DÍAZ SERRANO y el exdirector de la policía capitalina ARTURO DURAZO MORENO.

La tradición continúa seis años después con CARLOS SALINAS (1988-1994), pero sin tocar a miembros del gabinete lamadridista, salvo el caso del extitular de Agricultura EDUARDO PESQUEIRA quien nunca estuvo preso, solo devolvió dinero.

Bastante más severo será el operativo contra el sindicalismo petrolero encabezado por JOAQUÍN HERNÁNDEZ GALICIA, SALVADOR BARRAGÁN CAMACHO y PEPE SOSA, entre otros.

Con el advenimiento de ERNESTO ZEDILLO (1994-2000) la maquinaria de la justicia seguirá generando escándalos para la entonces llamada “política de nota roja”.

Nadie como ZEDILLO llegará más cerca, al emplazar toda la fuerza del aparato nada menos que contra RAÚL SALINAS DE GORTARI, hermano del expresidente.

Lo señalaron como autor intelectual de la muerte de JOSE FRANCISCO RUIZ MASSIEU pero enseguida le llegaron más cargos, enriquecimiento ilícito y defraudación fiscal, entre otros.

La historia atestigua que los dos gobiernos albiazules de VICENTE FOX (2000-06) y FELIPE CALDERÓN (2006-12) se abstuvieron de dicha práctica acaso por identificarla como “demasiado priísta”.

Y también porque los panistas tomaron nota de un fenómeno recurrente. El acusador se convierte en acusado seis años después. El frío verdugo frecuentemente deriva en perseguido de la justicia.

Por eso ni FOX ni CALDERÓN impusieron castigos al pasado inmediato. Tal costumbre no regresaría hasta el retorno del PRI a Los Pinos y el ascenso de ENRIQUE PEÑA NIETO (2012-18) con la captura de ELBA ESTHER GORDILLO.

NUEVA HORNADA

Y bueno, el presidente LÓPEZ OBRADOR cumplirá el primero de septiembre próximo sus primeros nueve meses en el cargo.

En tan corto tiempo ya es posible enumerar al menos cinco “cabezas de turco”, cinco trofeos, empezando con el empresario siderúrgico ALONSO ANCIRA.

El hombre es acusado de realizar operaciones fraudulentas con Petróleos Mexicanos y está preso en España, sujeto a proceso de extradición. Su presunto cómplice EMILIO LOZOYA, exdirector de PEMEX, se encuentra prófugo.

Un tercer personaje sería JUAN COLLADO quien, sin ser funcionario público, ha presado sus caros servicios a los renglones torcidos de la clase en el poder que hoy está en la mira de la FGR.

Con el ingreso de ROSARIO ROBLES a la prisión de Santa Martha Acatitla la justicia arrastra a un miembro del gabinete presidencial.

En paralelo (aunque con un historial de fechorías muy propio) habría que considerar a su exnovio el empresario argentino CARLOS AHUMADA, hoy libre por torpezas de la fiscalía.

Finalmente, AMLO está encaminando su 4T hacia el corredor punitivo que en un principio quiso evitar. La política de nota roja.

Lo he comentado aquí, México pertenece a la escasa minoría de países latinoamericanos que jamás han encarcelado a un expresidente. Cité el ejemplo de Perú, donde cinco mandatarios han sido juzgados por corrupción y abusos de poder.

Una curiosidad de estos procesos es que suelen escalarse, buscar nuevas víctimas, tornarse adictivos, en especial, cuando funcionan como distractores ante la tardanza de buenos resultados económicos.

Todo indica que esta es la ruta a seguir.

Veremos.

BUZÓN: lopezarriaga21@gmail.com

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