Estudia el diablo que apareció en México en el siglo XIX

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Redacción InfoNorte

San Pedro Garza García, Nuevo León.- Es mencionado en las Sagradas Escrituras y posee una cierta atracción para el ser humano; en el folklore mexicano, es un ícono en el popular juego de lotería y diferentes públicos están acostumbrados a sus pícaras presentaciones en las pastorelas.

Pero es el representante del mal y el arquetipo del héroe rebelde rescatado por la literatura, porque se manifiesta cuando se le necesita: en el contexto convulso decimonónico mexicano, introdujo sus artimañas en las páginas de la novela El fistol del diablo.

Un estudio del alumno José Javier Ponce de León Eyl, de la Universidad de Monterrey, aborda al diablo Rugiero de la obra narrativa de Manuel Payno (escrita en 1845), no como un demonio interesado por la posesión de cuerpos y almas, sino como un agente ocupado en “preservar el vicio y las malas costumbres de su época”.

En general, la volubilidad de la figura del diablo a lo largo de la historia está supeditada a la desgracia del ser humano, como lo explica José Javier: cuanto más sufre, más necesita a este ángel caído para explicar sus males, pero cuando supera sus infortunios, la fuerza del demonio es menos requerida.

Por eso no sorprende el encontrarse con esta figura en el escenario mexicano del siglo XIX, en medio de la inestabilidad y la incertidumbre social y política, tras el movimiento de Independencia, de acuerdo con el trabajo El diablo en el contexto social y literario mexicano del siglo XIX: un estudio del personaje Rugiero en El fistol del diablo.

En la investigación realizada en el semestre de Otoño 2020 como Proyecto de Evaluación Final (PEF) para graduarse de la Licenciatura en Letras, José Javier explica que su trabajo identifica la relación entre el contexto social-político del siglo XIX mexicano con la figura del diablo, que tiene el propósito de fungir como crítica contra los vicios y las malas costumbres de la época del autor.

“Payno hereda de los románticos la visión de un diablo dotado de sentimientos humanos, un diablo que se revela heroicamente contra el plan divino y se mezcla entre los hombres luego de su trágico destierro del reino de los Cielos (…) y se pronuncia ya no en contra de la fe cristiana, sino contra los valores de la sociedad”, según se describe en el texto académico.

Julieta Leo Almaguer, asesora del PEF, estableció que, en un sentido general, la figura del diablo aparece en la literatura durante el Siglo de Oro y en la literatura del Romanticismo, pero en el contexto mexicano, es más frecuente su aparición en el Romanticismo tardío, concretamente en la segunda mitad del siglo XIX.

“Hasta cierto punto, el diablo siempre está ligado a una crítica por su inherencia al mal; todo lo que hace referencia al diablo tiene siempre una connotación maligna: es el malo por excelencia; esto puede verse incluso en novelas contemporáneas, como es el caso de Diablo Guardián (2003) de Xavier Velasco”, mencionó.

La profesora del Departamento de Humanidades de la UDEM afirmó que la visión del diablo cambió, aunque en principio fue recurrente como recurso crítico; más adelante en el siglo XX, se han hecho interpretaciones de otras figuras del diablo, como es la de Mefistófeles, por ejemplo, en el cuento Un pacto con el diablo (1952) de Juan José Arreola.

EL DIABLO, LA MODA Y LA DISCORDIA

A la imagen física de Rugiero –la de un hombre elegante y agradable, con finos trajes y siempre a la moda, pero de tez pálida, ojos negros y largos pies, características típicas del diablo y que se encuentran también en las leyendas del charro negro y el diablo catrín, como advierte el alumno de la UDEM– se le suma el oficio de comerciante y su hábito de viajero, que denotan el cosmopolitismo y la solvencia económica del personaje.

José Javier apunta en su texto que la historia que protagoniza Rugiero no es una batalla típica entre el bien y el mal, como sucedía en los exemplum medievales o en las hagiografías, sino que el diablo es un recurso crítico contra la sociedad de la época, además de un representante de los valores románticos que el patriotismo criollo veneraba: la rebeldía, la independencia y la libertad.

“Este es el diablo de Payno: un demonio desinteresado por la posesión de los cuerpos, las almas o el secuestro de los niños, y más dedicado a preservar el vicio y las malas costumbres”, se destaca en la investigación, “en lugar de negociar por las almas de la gente, ahora se conforma con que la sociedad haga el mal mientras él se divierte jugando a la política en el complejo escenario mexicano del siglo XIX”.

Otra conclusión a la que llegó este trabajo académico es la perceptible presencia del liberalismo y el patriotismo en la novela romántica costumbrista de Manuel Payno, pues en varias ocasiones se hace especial hincapié en que la unidad nacional es la que puede salvar al país de los extranjeros y de su propia corrupción.

Los escritores de esa época no podían sostenerse solamente de su oficio literario, de acuerdo con José Javier, por lo que la literatura fue producida por personas con suficiente dinero y bagaje cultural, casi siempre criollos, “encontrando de paso una identidad y estilos propios de su cultura en la novela por entregas”, en una naciente nación que debía distinguir sus propias letras de las del pueblo español que la colonizó.

“Rugiero es un excelente ejemplo de diablo literario del siglo decimonónico mexicano, porque funge como un catalizador de la sociedad oprimida y frustrada, tal como sucede con los diablos de las leyendas mexicanas y de las pastorelas, cuyo propósito comparte”, se asienta en el texto de la investigación.

José Javier plantea que los personajes que retrata Manuel Payno no solamente les sobra la tentación del diablo para hacer el mal, sino que llegan a superarlo en ocasiones, como verdaderos antagonistas a quienes se puede encontrar en los puestos más respetados del gobierno y la aristocracia, así como en los barrios más pobres del país.

Esto también explica por qué las novelas románticas en México comenzaron siendo novelas de costumbres, advierte, pues en este subgénero era posible pintar un cuadro de la realidad presente y, por lo tanto, criticar las costumbres de la sociedad mexicana de manera indirecta.

“El diablo, mientras tanto, cuando nos enseña el camino del mal con su ejemplo o su filosofía, nos muestra por añadidura el camino del bien, que no es más que el de las buenas costumbres y los valores sociales”, escribe el alumno, “si para Manuel Payno el bien se traduce en la consolidación del país, Rugiero simboliza la discordia y, por lo tanto, el diablo son en realidad todos los que la practican”.

En opinión de José Javier, en el México del siglo XIX, cualquiera que atentara contra la soberanía, el progreso y la unidad nacional era objeto de escarnio para el liberal moderado, que deja constancia de su influencia en la novela de costumbres.

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