Campanario

Editoriales Off 34

Martín Sánchez Treviño

¿A quién hay que cargarle los difuntos?

        Para nadie es grato el clima de violencia y de inseguridad que prevalece en la franja fronteriza, pues la mayoría de los pobladores de otras regiones tamaulipecas tienen parientes y amigos en los lugares donde la población la inseguridad esta latente un día después de la jornada electoral del 6 de junio. Y aunque la autoridad federal, estatal y municipal envíen un mensaje de condolencia, sus expresiones no le devuelven la vida a las víctimas y los familiares de estas.

        Los hechos tienen una triple connotación pues el Jefe del Ejecutivo Federal pretende pacificar el país con abrazos y no balazos, cuando la esencia de los grupos armados que hay en la nación, es matar. Pudiera pensarse que puede motivar la desaparición de poderes, pero sucede que el mando militar a bordo del señor presidente es nada mas y nada menos que Luis Crecencio Sandoval, quien fue titular de la Octava Zona Militar con sede en Reynosa, quizá por eso mi “prejidente” se allanó en la mañanera.

        Y el gobernador de Tamaulipas Francisco García Cabeza de Vaca es oriundo de Reynosa y uno de sus compromisos de campaña y un rubro al que le ha invertido un porcentaje relevante de recursos púbicos en la seguridad de los habitantes de esta entidad.

        Por otra parte, tenemos a una alcaldesa de origen panista -Maki Ortiz Domínguez- que maromeó en la alcaldía y postulo a su hijo Carlos Peña Ortiz, como candidato de la corriente morenista y derrotó a José María Moreno, el famoso Chuma, lo mismo propinó una senda derrota en los 4 distritos locales y los 2 federales a los candidatos de Acción Nacional.

Lo más probable es que salga bien librada, pero durante la entrevista con Carmen Aristegui, se le escuchó una voz arrugada, pasmada. Es decir, le preocupa la herencia que dejará a su retoño.

        Y, por otra parte, como por arte de magia, la población tamaulipeca dejo de ver en las giras de trabajo del DIF estatal a la esposa del gobernador, Mariana Gómez Leal. Pero a lo mejor son telarañas visuales de este redactor.

        Ahora bien, en la región fronteriza tamaulipeca y de Matamoros hasta Tijuana y Baja California Sur es ordinario ver en caminos, brechas, carreteras yates y lanchas a civiles armados. Es parte de la vida social y hasta cultural. Pues al menos en Tamaulipas las novelas fronterizas del siglo anterior con textos y expresiones tienen una relevancia particular. Como es Rosa Castaño oriunda de Camargo, quien describe con naturalidad el paso de los migrantes por el lecho del Río Bravo.

        Pero en los tiempos actuales aquella descripción mágica de Castaño y sus construcciones literarias reproduce un escenario de bonanza y prosperidad, no situaciones de riesgo y de angustia fundada por la inseguridad y la violencia.

        A diferencia del siglo 20, en el siglo 21 esas problemáticas se hacen presentes en los 43 municipios tamaulipecos, lo mismo que todas sin excepción las regiones de la república mexicana. Es decir, la violencia se convirtió en el mal del siglo para los mexicanos.

        Y los gobernantes parecieran ser parte activa de ese fenómeno que separa familias, divide pueblos y enfrenta partidos políticos rancios y podridos. Como si el pásame de un gobernante y los gritos de una o un legisladora se resolviera ese fenómeno que es una grave ausencia de gobernabilidad, y a se asemeja a la lava de un volcán, que recorre un país fracturado por la ideología de un solo hombre.

        En esta entidad, el gobernador García Cabeza de Vaca tiene una deuda pendiente con la población. Pues la seguridad sigue siendo una meta muy no alcanzada en Reynosa, ciudad de su preferencia. Lo mismo hay brotes de la misma inseguridad en otras regiones de la entidad, la capital no es la excepción.

        No será acaso que los instructores de la Universidad de Seguridad y Justicia no cumplen el perfil apropiado, o será acaso que los vicios añejos de las policías estatales y ministeriales están lejos de los estándares de seguridad, pero sobre todo de confianza.

        Dicen los que saben de esos menesteres, que las policías y los mandos de estas lo mismo que los militares, los marinos y flamante guardia nacional, son como el agua en un tinaco, que debe desaguarse periódicamente para no acumular maromeros, zancudos y otras alimañas nocivas para a salud y al flujo.

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