“El cubrebocas ya es parte de nuestra vida”

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Información de El Universal Online

Aunque en la mayoría de los estados portar el cubrebocas ya es opcional o se limita a espacios cerrados, muchos ciudadanos han decidido mantener su uso, según pudo constatar EL UNIVERSAL en varias entidades.

“Ya es parte de nuestra vida cotidiana y hay quienes hemos entendido que es nuestra propia protección”, comentó ayer en Ciudad Victoria, Tamaulipas, la señora Elena Villarreal, mientras se ponía gel antibacterial en las manos para entrar a un centro comercial.

En marzo de 2020, cuando fue declarada la pandemia de Covid-19, muchos se resistían a su uso. Sin embargo, algunos gobiernos estatales impusieron medidas de obligatoriedad, las cuales se han ido relajando con el tiempo.

A lo largo de este año, la mayoría de los estados han levantado el uso obligatorio de la mascarilla, con excepciones —en la mayoría de los casos se refieren a hospitales, escuelas, transporte público y espacios cerrados—, dejando en los ciudadanos la decisión de portarlo o no.

Un caso particular es el de Chiapas, donde el gobierno estatal nunca impuso una obligación para su uso, sino que se limitó a la recomendación de su utilización voluntaria, medida que se mantiene a la fecha.

Kevin Alexander Mota, habitante de Tuxtla Gutiérrez, prefiere no correr riesgos y mantener el cubrebocas porque, asegura, la enfermedad “sigue en las calles”.

“Hay gente que cree que la enfermedad ya acabó, yo digo que está a la vuelta de la esquina, por eso hay que usar el cubrebocas, sobre todo en las calles”, enfatizó.

En Sinaloa, el gobierno estatal anunció el pasado 3 de octubre la eliminación de su uso obligatorio, tanto en espacios abiertos como cerrados, ante la disminución de contagios en la entidad.

La señora Maura Lilia, de Culiacán, no comparte el criterio de las autoridades y ella se mantiene firme en su decisión de seguir usándolo porque tiene miedo de contraer Covid-19 por tercera vez.

Cuenta que la enfermedad golpeó fuerte a su familia y les ha dejado secuelas físicas y económicas. Su padre murió por el virus y una de sus hijas, de 26 años, tuvo que ser hospitalizada, todos los gastos la dejaron con una deuda de 100 mil pesos.

En Coahuila, otro estado donde por decreto se eliminó el uso del tapabocas, muchos trabajadores, principalmente taxistas y empleados comerciales, siguen usándolo sobre todo por protección propia.

“Hay clientes que vienen tosiendo o enfermos y nos pueden contagiar alguna enfermedad”, dice María de la Luz Santana Lomas, de 24 años, empleada en una tienda departamental.

“Agradecemos el uso del cubrebocas”, destaca en cartulinas colocadas a la entrada de muchos establecimientos en Saltillo.

Del otro lado del país, en Yucatán, pese a que el sector Salud decretó desde hace más de dos meses que el cubrebocas no es obligatorio —salvo en el transporte público y hospitales— la mayoría de la gente prefiere seguir usándolo para prevenir.

José Avila Aké, propietario de un puesto de cochinita en el Mercado Lucas de Gálvez, reconoce que “adquirió el hábito” y mantiene su cubrebocas, que además le da seguridad a sus clientes.

En Guadalajara, Juan Muñoz también defiende su uso. “Yo creo que es necesario que se siga utilizando porque siento que aún no termina la pandemia”.

Él tiene un taller de reparación de electrodomésticos y la naturaleza de su trabajo lo obliga a estar en contacto con muchas personas, por lo que Juan no se siente seguro sin traer al menos esta medida de protección.

“No me siento seguro porque el virus ahí está, y aparte hay un montón de enfermedades, como las gripas, la tos, todas las enfermedades que existían antes de la pandemia”, asegura.

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