Siria vive la peor de las pesadillas posibles: guerra, hambre y ahora terremoto

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AGENCIAS

El terremoto, de magnitud 7,8 en la escala de Richter, ha dejado miles de muertos en el sureste de Turquía y el norte de Siria. El sismo, que ha tenido su epicentro en la provincia turca de Kahramanmaras, es el mayor registrado en ambos países en casi tres décadas. De hecho, se ha sentido con fuerza en 14 naciones diferentes, entre ellas, Chipre o Jordania.

Una catástrofe natural que, en el caso sirio, se une a una situación ya dramática de por sí, tras más de una década de guerra civil. A la violencia, a la inseguridad, a la pobreza y al hambre hay que añadir ahora también las consecuencias del terremoto. Una tormenta perfecta que muestra que Siria es, sin ningún tipo de dudas, uno de los peores lugares del mundo en el que vivir.

En marzo de 2011, al calor de las revueltas de la Primavera Árabe en otros países de la región, se iniciaron en el país una serie de protestas pacíficas que tenían como objetivo lograr más derechos y libertades para la población. El Gobierno de Bashar al Assad reprimió estas manifestaciones con dureza, dando lugar a un conflicto armado que se mantiene más de una década después.

Los datos son devastadores. Entre el 1 de marzo de 2011 y el 31 de marzo de 2021, 306.887 civiles murieron como consecuencia de la guerra, según Naciones Unidas. Un saldo sangriento que deja una media de 85 inocentes asesinados cada día. Un goteo de víctimas constante que ha destrozado una sociedad que era de las más pujantes y desarrolladas del mundo árabe y que vuelve a mostrar que en una guerra son siempre los civiles los que más duramente sufren sus efectos.

En marzo de 2022, coincidiendo con el undécimo aniversario del inicio del conflicto, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos actualizó también sus cifras. Según este organismo, con sede en Londres, hay más de 600.000 víctimas mortales, de las cuales han logrado verificar los nombres de cerca de medio millón.

Pero no solo los muertos ayudan a entender la brutalidad del conflicto. También lo hacen el número de heridos o de exiliados. En el caso de los primeros son 2,1 millones de personas, mientras que los segundos representan a 13 millones que, o bien, se han visto desplazadas dentro del país, o han tenido que refugiarse en otros lugares.

13 millones en un país cuya población antes del conflicto era de 22 millones, es decir, que una inmensa mayoría de la población ha tenido que irse de su casa y. muchos de ellos lo han hecho probablemente para siempre. Una situación que muestra claramente que no solo vive Siria un presente devastador, sino que el futuro se presenta muy negro, con toda una generación perdida que ha abandonado el país y que está construyendo su vida en otros lugares del mundo.

Más allá de personas asesinadas, muertas o desplazadas, las guerras tienen otras consecuencias muy graves, que normalmente se van agravando con el tiempo. En el caso de Siria, su población se encuentra en el mayor riesgo de hambre en una década, tal y como denuncia la ONG Accion contra el Hambre.

En el país se vive una hiperinflación que hace que los hogares cada vez puedan permitirse menos de lo que necesitan para sobrevivir. Actualmente, tienen que gastar más de un 50% de sus ingresos en bienes necesarios, como es el caso del agua y los alimentos. En este sentido, la guerra entre Rusia y Ucrania ha empeorado la situación, al ser dos de los principales exportadores de grano.

Además, muchas familias tienen menos de cuatro horas de electricidad pública al día, al tiempo que el transporte y el trabajo diario son más caros por la subida del precio de los combustibles.

Con una realidad tan dura como la que está viviendo Siria en los últimos años, el terremoto ahora no hace más que empeorar las cosas y hace más difícil el día a día para todas esas personas que llevan más de 10 años aguantando una guerra sin cuartel y que están al límite de su resistencia.

De momento, sirios y turcos contabilizan fallecidos, desaparecidos y daños, mientras que el final de esta pesadilla para la población no llega nunca.

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